Mi testimonio - Wendy Trinidad

 

Por: Hna. Wendy Trinidad
Hna. Wendy Trinidad 
 

Que la paz del Dios Todopoderoso sea con todos vosotros. Quiero hablar les del amor, la paz y el poder de Dios. Contarles las cosas grandes que Dios ha hecho en mi vida. Cuando tenía cinco años de edad mis padres me regalaron a una familia que practicaba la religión católica. Recuerdo que en esa casa habían dioses de madera, de plata, de yeso, de metal y de bronce. Los cuales no tienen vida.

Son dioses muertos y semejantes a ellos son los que los hacen. Y cualquiera que confía en ellos. Así nos dice la Palabra de Dios en el Salmo 115: 3-8.
Esta familia además de practicar la religión católica, practicaba también la brujería. Tenían altares de todas clases. Le doy gracias a Dios que nunca me incline para prenderles velas o arrodillarme antes esas estatuas llenas de demonios. Yo no sabía que Dios me amaba tanto que me protegía de todas esas cosas y que Él tenía un plan para con mi vida. Después que crecí, esa señora murió. Seguí de lugar en lugar, pero Dios que es rico en misericordia, me permitió llegar a un hogar cristiano. Allí conocí la Palabra de Dios cuando tenia quince o dieciséis años. A esta edad visité por primera vez una iglesia cristiana. Después de algún tiempo, en un culto hicieron el llamado para aceptar a Cristo y con gozo abrí mi corazón al Señor Jesucristo.

Después de algún tiempo conocí a un joven y me enamoré, esto me aparto del Señor. Pasaron ocho años y yo seguía apartada del Señor. Cada día que pasaba me hundía más en el pecado, porque el diablo trataba de esclavizarme más y más. Era esclava del cigarrillo, el alcohol y la fornicación. Asistía a las discotecas y a todo lo que el diablo ha inventado. Recuerdo que un dieciocho de Diciembre del año 1988 viviendo en la isla de Aruba me invitaron a una iglesia cristiana y esa noche Dios trató conmigo por medio de su Palabra de una manera tan especial como El solamente puede hacerlo.

Gloria a Dios y a su Santo Espíritu. Así esa noche con mi rostro bañado en lágrimas me reconcilié con mi Salvador. El Señor me ha permitido que forme parte de su familia, el pueblo de Dios. Él pudo libertarme de las garras del diablo. Su palabra dice que "Aunque mi madre y mi padre me dejaran con todo Jehová me recogerá" (Salmo 27:10). Si te encuentras alejado del redil del Señor, regresa pronto, vuelve a los brazos de Cristo, que Él te está esperando con sus brazos abiertos.

Dios te bendiga.