EDITORIAL

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Amados hermanos.

Nuestro Señor y Salvador Jesucristo les continúe bendiciendo.

Que en ustedes reposen la paz y las bendiciones de Dios, el Padre y del Señor Jesucristo, quien murió por nuestros pecados conforme a los planes de nuestro Padre; y nos rescató de éste mundo perverso en que vivimos. A Él sea la gloria por los siglos eternos. Amén.

Reflexionamos también en los momentos de alegría al ver nuestros hermanos crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. La alegría de ver almas venir a los pies del Salvador y ver el poder transformador de Dios en acción. Ver nuevos hermanos ser bautizados en agua, dando testimonio de una nueva vida en Jesucristo. Ver el fruto de hermanos siendo bautizados por Jesús, en el Espíritu Santo, con la señal de hablar en otras lenguas. Alegría y gratitud por los milagros de sanidad divina obrados por Dios en nuestras vidas. Agradecimiento porque Él ha suplido a todos nuestras necesidades tanto de índole espiritual como material.

Tristeza profunda al ver que algunos apostataron de la sana y pura doctrina, por buscar glorias humanas para la satisfacción de su propio ego. Otros salieron encantados, otros sucumbieron a la hechicería.

Todos los que han salido de esta obra, saben que ciertamente ésta es una obra del Señor. Obra limpia, de buen testimonio, de sana doctrina. Que el mal no reside en la obra es evidente, y sí en los que no han tolerado el evangelio puro y han buscado "otro evangelio" acomodadizo a su sistema de vida tibia, irresponsable a sus deberes como cristiano y donde haya "libertad". Pero nosotros seguiremos siendo esclavos (siervos) de Jesucristo, enyugados con Él hasta el fin. Cuando alguno tristemente, asume actitudes particulares, disociadoras, conflictivas, hostiles, belicosas; si no se arrepiente y se arregla, Dios lo saca de esta obra. Obra que está firme en la roca, obra que ha levantado el Señor para su gloria y bendición de tantas almas. Una vez más después que se manifestaron los reprobados, la obra ha permanecido cada vez más firme. !Gloria a Dios!

No obstante, damos gloria a Dios por las tareas realizadas y logros obtenidos. La ayuda y dirección de Dios; los múltiples esfuerzos y gran disposición en común fueron determinantes para alcanzar nuestras metas.

Reconociendo que el trabajo en el Señor no es en vano, sigamos redoblando nuestros esfuerzos y gran disposición como hasta hoy, para lograr con el poder y dirección del Espíritu Santo alcanzar grandes victorias en medio de las grandes luchas y trabajos que nos esperan.

Que el Señor les bendiga ricamente.